A CÁNTAROS Tú y yo, muchacha, estamos hechos de nubes, pero ¿quién nos ata? Dame la mano y vamos a sentarnos bajo cualquier estatua, que es tiempo de vivir y de soñar y de creer que tiene que llover, que tiene que llover, que tiene que llover, que tiene que llover a cántaros. Estamos amasados con libertad, Muchacha, pero ¿quién nos ata? Ten tu barro dispuesto, elegido tu sitio, preparada tu marcha. Hay que doler de la vida hasta creer que tiene que llover, que tiene que llover, que tiene que llover, que tiene que llover a cántaros. Ellos seguirán dormidos en sus cuentas corrientes de seguridad. Planearán vender la vida y la muerte y la paz. ¿Le pongo diez metros en cómodos plazos de felicidad? Pero tú y yo sabemos que hay señales que anuncian que la siesta se acaba y que una lluvia fuerte, sin bioenzimas, claro, limpiará nuestra casa. Hay que doler de la vida hasta creer que tiene que llover a cántaros. ...
Blog de la Biblioteca del IES Aricel