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Fallo de la séptima edición del concurso "Recuerdos de Granada", de la Fundación Francisco Ayala.

 

Un año más, hemos participado en este hermosos concurso que combina la lectura de parte de las memorias de este escritor granadino con la escritura de recuerdos. Este año, ha sido seleccionado entre los textos finalistas el de Carolina Terrón Moreno, de 1º de bachillerato C.


 

El acta de la resolución del premio y los 28 textos finalistas pueden leerse en el siguiente enlace:

 

http://www.ffayala.es/ensenar-y-aprender/recuerdos-de-granada/

 

Al igual que en la edición anterior, este año tampoco se ha podido celebrar la habitual ceremonia de entrega de premios y presentación del libro resultante en la sede de la Fundación, de modo que en nuestra biblioteca entregamos el premio a Carolina y el libro que contiene su texto y que edita la Fundación.

Le damos la enhorabuena y os invitamos a leer su texto:

 

Es complicado, Carolina Terrón Moreno.

"Es complicado. Es complicado crear sin inspiración. Es complicado oír sin escuchar. Es complicado leer sin comprender. Es complicado amar sin amarse. Es complicado recordar sin sentir. A lo largo de mi corto periodo de vida, afortunadamente, puedo confirmar que he tenido más momentos buenos que malos. Tengo unos padres que me quieren, unas amigas que me apoyan, una familia que me valora y un perro que me adora. He tenido la suerte de vivir en una casa donde, sin lugar a dudas, he disfrutado momentos únicos; momentos dignos de rememorar. Desde que tengo consciencia, uno de los recuerdos más vivaces es el de mi abuela Mercedes. Era invierno;ella, con sus gafas y su pelo rubio, estaba sentada en el sofá de mi casa, acompañada de aquel calor que desprendía la chimenea. Siempre me gustó aprender. Ella, que era profesora, me redactaba distintas palabras que podrían causarme cierto interés, como mi nombre. Aquella yo de entonces, calcaba con mucha cautela y esmero todo lo que mi abuela hacía. En esa misma libreta de Winnie the Pooh, trazábamos muchos dibujos de color verde.Curiosamente solo recuerdo uno:era un ángel, se encontraba de perfil, el manto y las alas estaban perfectamente delineados, a diferencia de la cara, la cual era un boceto sin finalizar. Se me quedó completamente grabado en la memoria. Cuando me acuerdo de mi infancia, algo que no puedo olvidar son mis clases. Desde que era pequeña, descubría una de mis grandes pasiones, la enseñanza. Todas las tardes seguía una rutina de preparación. Para comenzar, posicionaba a cada una de mis muñecas en un semicírculo. A continuación, me situaba junto a la pizarra y con mis tizas comenzaba a regalar mi escaso conocimiento. Entre mis juguetes, se encontraba mi bebé favorito;a pesar del desgaste de la muñeca,Natalia, que así se llamaba, era mi predilecta. Nunca averigüé qué tenía de especial, a día de hoy me lo sigo preguntando. Hasta que un díala perdí. Los años pasaron, y en ese mismo dormitorio me hallaba yo, entre lágrimas. Estaba en sexto de primaria cuando mi tutor de aquel entonces propuso una actividad. Él nos iba a comprar un libro a cada uno, lo deberíamos leer y más tarde lo intercambiaríamos con otros compañeros para ampliar nuestras lecturas. Estaba bastante ilusionada, tenía curiosidad por el libro que me iba a tocar, nunca me imaginé que fuera aquel. Cuando lo sostuve entre mis manos, sinceramente, me desanimé. La portada tenía colores oscuros y se veía la silueta de un niño con una sudadera roja. Se titulaba Kulanjango. El viaje del águila. Como era bastante responsable, no puse ninguna objeción, y comencé a leerlo. ¿Sabéis eso que dicen de«nunca juzgues a un libro por su portada»?, desde ese momento, no volví a hacerlo. Con doce años, recostada en mi cama, con el flexo iluminando esa obra de Gill Lewis, en la cual estaba sumergida, comenzó una lágrima a brotar de mis ojos, paso por mi mejilla y yo seguía concentrada en leer esa novela que me tenía atrapada. Fue con el primer libro que me emocioné, eso sí, el primero de muchos. Es por elloque la escritura evoca sensaciones, que mis recuerdos, todos y cada uno de ellos me hacen rememorar, por ejemplo, a mis seres queridos, a mi infancia añorada o a situaciones que provocaron convertirme en lo que soy. Estoy orgullosa de poder haber sido capaz de expresarme, ya que, como mencionéal principio, recordar sin sentir es complicado."

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